Sin título

 ¡Aguas con el “ingeniero”!

Miguel Ayax González Hubbard

Periódico 4º Poder

 

Pensando en la inmortalidad del cangrejo, me sonó el timbre de la casa. A regañadientes atravesé el largo pasillo, salí a la cochera (y que conste que no al zaguán como era en tiempos remotos) y, por seguridad, no dejé franca la entrada, sino que sólo abrí la “mirilla”.

Afuera, un hombre de mediana edad, medio acalorado me pareció, sin preámbulos dijo: “buenos días, soy Fulano de Tal y soy también su vecino…” “Vivo aquí a unas calles, en la Pámanes 121 y ya se ha de imaginar a qué vengo…”
-“¡No!, fue mi respuesta, no sé a qué viene ni qué se le puede ofrecer”.
-“Soy el papá de Fulanito, el niño azul de aquí de la colonia… ¿no sabe de quién se trata”-
-“No, volví a decir, no estoy enterado de ese problema…”
-“Es raro –dijo- hasta hay un letrero grande aquí en la calzada y en la capilla, aquí, en la colonia, ya han hecho colectas para ayudarnos porque ni niño está muy enfermo... ¿es usted católico?
-“Sí, lo soy pero no voy a misa a esta capilla…”
-“Pues también en Guadalupe (refiriéndose a la catedral gomezpalatina) allí han hecho colectas para mi hijo porque, ¿sabe usted, con ese enfermedad se gastan millones de pesos”?
-“Sí, claro, que debe ser muy costosa ¿y de cuánto es el apuro…”?
-“¡Ande!, por buena suerte y gracias a Dios, anoche, ya en la madrugada, nos avisaron que hay un corazón disponible para ni pequeño hijo; el señor –otra vez Fulano de Tal- nos consiguió con el señor don –y de nuevo el nombre de un connotado empresario local- nos dio veinte mil pesos; así que en vez de todo lo que tenemos que gastar todavía, sólo gastaremos ochenta mil pesos y es lo que ando pidiendo porque ya nos está esperando el avión que lleva a mi hijo para su transplante…”
-“Bueno, dije, déme su dirección porque de momento no tengo dinero pero algo puedo conseguirle y allí se lo llevo…”
-“No, gracias, es que estamos por salir y los buenos vecinos nos apoya con doscientos, quinientos pesos o más cuando pueden, si no tiene, déjeme seguir pidiendo con los demás vecinos…”
Al cerrar la puerta, no deja uno de pensar en los problemas que los demás tienen y que por buena suerte, por la protección divina o por nuestro ángel de la guarda, no nos vemos en esos predicamentos y en esas angustias.
    Así que, hurgué aquí y allá, busque e los rincones conocidos míos y de mi esposa, saqué algunos billetes y con ellos en la mano, me fui a la dirección de Pámanes 121 que el atribulado padre me había dado.
     Más prisa me di cuando recordé que, el papá visiblemente nervioso me enseñó un medicamento que estaba tomando porque él mismo corría –según dijo- el riesgo de sufrir un derrame cerebral a causa de la mortificación, el estrés y la falta de dinero necesario para la atención de su pequeño.
     Llegué a la calle Pámanes que atraviesa la Tlahualilo, calle eje de la colonia donde vivo y vi que no había arteria para los dos lados sino para uno solo.
      De cualquier forma, pensé, en estas condiciones cualquiera se equivoca… recorrí la calle buscando a alguien para preguntar por el domicilio del “niño azul” pero la calle estaba desierta.
      Me regresé en el límite con la calzada González de la Vega y allá, al otro extremo, vi a un chiquillo jugando en la banqueta. Rápidamente fui y le pregunté: Niño ¿hay algún adulto allí en tu casa?
Sin recelo se acercó a mi vehículo, preguntó qué le decía y en eso se oyó la voz de la mamá llamándolo y ordenándole que entrara a su casa.
      Estacioné, me bajé, llegué a la puerta de la casa y vi a una señora trabajando en un pequeño salón de belleza, casi desapercibido en donde estaba atendiendo a otra señora que no podía ver.
      Pregunté por el niño azul, pregunté si sabían de alguna familia de esa calle que estuviera pasando por esas angustias y, aunque la dueña de la casa dijo no saber nada al respecto, la señora que era atendida en su pedicure, dijo que sí, que nada sabía del niño azul pero que sí del “ingeniero” pediche que ya ha ido a su casa en dos ocasiones a sacar dinero para su niño enfermo.
     Así pues, estamos ante otro modo de engaño, otro fraude, otro vivales que llega tembloroso, angustiado, impaciente, necesitado de dinero que luego quién sabe en qué gasta.
       Hay que tener cuidado, extremo cuidado, no sólo para protegerse de los ladrones armados, de los que hurtan los domicilios en horas de la noche, sino de estos engañadores que explotan los buenos sentimientos de las personas.
       ¡Aguas con estos “ingenieros” y con muchos otros inescrupulosos que sacan ventaja de la bondad de los demás.
Luego les platicaremos de una “ingeniera” que llegó a ser alcaldesa y se hizo rica
Sin Bozal

.-INFORMACION PERIODISTICA LA PALABRA; es la mayor virtud y riqueza de un hombre, el que no la tienen ni cumple, esta hueco

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