¡Aguas con el “ingeniero”!
Periódico 4º Poder
Pensando en la
inmortalidad del cangrejo, me sonó el timbre de la casa. A regañadientes
atravesé el largo pasillo, salí a la cochera (y que conste que no al zaguán
como era en tiempos remotos) y, por seguridad, no dejé franca la entrada, sino
que sólo abrí la “mirilla”.
Afuera, un hombre
de mediana edad, medio acalorado me pareció, sin preámbulos dijo: “buenos días,
soy Fulano de Tal y soy también su vecino…” “Vivo aquí a unas calles, en la
Pámanes 121 y ya se ha de imaginar a qué vengo…”
-“¡No!, fue mi
respuesta, no sé a qué viene ni qué se le puede ofrecer”.
-“Soy el papá de
Fulanito, el niño azul de aquí de la colonia… ¿no sabe de quién se trata”-
-“No, volví a
decir, no estoy enterado de ese problema…”
-“Es raro –dijo-
hasta hay un letrero grande aquí en la calzada y en la capilla, aquí, en la
colonia, ya han hecho colectas para ayudarnos porque ni niño está muy
enfermo... ¿es usted católico?
-“Sí, lo soy pero
no voy a misa a esta capilla…”
-“Pues también en
Guadalupe (refiriéndose a la catedral gomezpalatina) allí han hecho colectas
para mi hijo porque, ¿sabe usted, con ese enfermedad se gastan millones de
pesos”?
-“Sí, claro, que
debe ser muy costosa ¿y de cuánto es el apuro…”?
-“¡Ande!, por buena
suerte y gracias a Dios, anoche, ya en la madrugada, nos avisaron que hay un
corazón disponible para ni pequeño hijo; el señor –otra vez Fulano de Tal- nos
consiguió con el señor don –y de nuevo el nombre de un connotado empresario
local- nos dio veinte mil pesos; así que en vez de todo lo que tenemos que
gastar todavía, sólo gastaremos ochenta mil pesos y es lo que ando pidiendo
porque ya nos está esperando el avión que lleva a mi hijo para su transplante…”
-“Bueno, dije, déme
su dirección porque de momento no tengo dinero pero algo puedo conseguirle y
allí se lo llevo…”
-“No, gracias, es
que estamos por salir y los buenos vecinos nos apoya con doscientos, quinientos
pesos o más cuando pueden, si no tiene, déjeme seguir pidiendo con los demás
vecinos…”
Al cerrar la
puerta, no deja uno de pensar en los problemas que los demás tienen y que por
buena suerte, por la protección divina o por nuestro ángel de la guarda, no nos
vemos en esos predicamentos y en esas angustias.
Así que, hurgué
aquí y allá, busque e los rincones conocidos míos y de mi esposa, saqué algunos
billetes y con ellos en la mano, me fui a la dirección de Pámanes 121 que el
atribulado padre me había dado.
Más prisa me di
cuando recordé que, el papá visiblemente nervioso me enseñó un medicamento que
estaba tomando porque él mismo corría –según dijo- el riesgo de sufrir un
derrame cerebral a causa de la mortificación, el estrés y la falta de dinero
necesario para la atención de su pequeño.
Llegué a la calle
Pámanes que atraviesa la Tlahualilo, calle eje de la colonia donde vivo y vi
que no había arteria para los dos lados sino para uno solo.
De cualquier forma,
pensé, en estas condiciones cualquiera se equivoca… recorrí la calle buscando a
alguien para preguntar por el domicilio del “niño azul” pero la calle estaba
desierta.
Me regresé en el
límite con la calzada González de la Vega y allá, al otro extremo, vi a un
chiquillo jugando en la banqueta. Rápidamente fui y le pregunté: Niño ¿hay algún
adulto allí en tu casa?
Sin recelo se
acercó a mi vehículo, preguntó qué le decía y en eso se oyó la voz de la mamá
llamándolo y ordenándole que entrara a su casa.
Estacioné, me bajé,
llegué a la puerta de la casa y vi a una señora trabajando en un pequeño salón
de belleza, casi desapercibido en donde estaba atendiendo a otra señora que no
podía ver.
Pregunté por el
niño azul, pregunté si sabían de alguna familia de esa calle que estuviera
pasando por esas angustias y, aunque la dueña de la casa dijo no saber nada al
respecto, la señora que era atendida en su pedicure, dijo que sí, que nada
sabía del niño azul pero que sí del “ingeniero” pediche que ya ha ido a su casa
en dos ocasiones a sacar dinero para su niño enfermo.
Así pues, estamos
ante otro modo de engaño, otro fraude, otro vivales que llega tembloroso,
angustiado, impaciente, necesitado de dinero que luego quién sabe en qué gasta.
Hay que tener
cuidado, extremo cuidado, no sólo para protegerse de los ladrones armados, de
los que hurtan los domicilios en horas de la noche, sino de estos engañadores
que explotan los buenos sentimientos de las personas.
¡Aguas con estos
“ingenieros” y con muchos otros inescrupulosos que sacan ventaja de la bondad
de los demás.
Luego les platicaremos de
una “ingeniera” que llegó a ser alcaldesa y se hizo rica
