Infierno migrante
Periódico 4o. Poder
Vienen por miles, son hombres y
mujeres, jóvenes y adultos, muchos niños que huyen de sus países por hambre,
falta de trabajo y, desde luego, el peligro de ser asesinados o ingresados a la
fuerza en alguna de las bandas de la delincuencia.
En el viaje que hicimos recientemente
de La Laguna a Monclova, Piedras Negras y luego Eagle Pass y San Antonio del
vecino país del norte, pudimos ver a cientos de migrantes caminando bajo el
ardiente sol, con temperaturas de 40 o 42 grados y con pocas posibilidades de
hallar una vida mejor, con riesgos mortales como el de una señora que fue
arrollada por un vehículo que la mató.
Nadie puede llevarlos en sus
vehículos porque las autoridades pueden considerar que el particular conductor
del vehículo está cometiendo el delito de trata de personas.
Esos desconocidos, esos negros o
morenos, esos güeros requemados por el sol, son gente, forman familias, tienen
miedos y pese a todo se aventuran en países y regiones desconocidas, están
desesperados y en su desesperación y angustia arrastran a criaturas recién
nacidas, infantes que debían recibir afecto y educación… son “el prójimo”, ése
al que Dios mandó a amar como a nosotros mismos.
Muchos no tenemos con ellos contacto,
desconocemos sus penurias y necesidades pero… imaginemos que nuestra querida
hermana está sola, con cansancio caminando por una brecha sin final o al nieto
que amamos y nos llena el corazón con su risa y caricias… con hambre y
desasosiego.
Los migrantes no son de otro mundo,
son como nosotros con menos suerte y nulas oportunidades… son “ellos” pero
¡Dios no lo quiera! podríamos ser nosotros.
Si no los ayudamos, si no les
tendemos la mano, una oración, una súplica a DNS por su bienestar y porque
lleguen con bien a su destino, nada cuesta.
Ahora, allí mismo en San Antonio, Texas se vive una tragedia más con la
muerte de medio centenar de seres humanos conducidos como reses, llevados a una
pesadilla buscando un sueño y de ello son responsables no sólo los polleros o
traficantes, sino todos los que no hacen lo suficiente para tener -y contener-
a la gente en sus lugares de origen.
