Sin título

 

Don Carlos

Miguel Ayax González Hubbard

 Periódico 4º. Poder

Bajito de estatura, blanco, delgado, por lo regular vestido con sencillez e impecable limpieza, tipo vaquero y casi siempre con un cinto adornado con una grande y reluciente hebilla, es un ícono y un referente en Gómez Palacio.
Igual que otros destacados personajes del municipio fue dos veces alcalde, formó una empresa y una familia, siempre, siempre apoyado por su esposa doña Vilma Ale.
La familia no muy numerosa pero la empresa sí y la ideó y construyó con ingenio y tenacidad, es más, con terquedad y haciendo producir a sus amigos y empleados de los que se rodeó toda la vida.
Cuando lo conocí, en mis años incipientes de reportero, mi padre José González Cantú me envió al Departamento de Tránsito porque Carlos Herrera (creo que todavía no se ganaba el don) iba a entregar cuatro o cinco vehículos por él donados.
Y fui y los donó y como por mi juventud y desconocimiento no conocía a don Carlos ni sus motivaciones le pregunté a mi padre quien parco como era, no me dijo más que habría que seguirle la trayectoria “porque sería alguien en la política”.
    Y vaya que lo fue; su carrera es de sobra conocida pero a unos días del aniversario de su fallecimiento, quiero recordarlo como para mi fue: trabajador como el que más, explosivo cuando algo le incomodaba o contrariaba y generoso, sagaz, visionario... y exigente.
     No se confundan mis lectores porque un tundemáquinas hablando bien de un político se presta a malas interpretaciones.
     En “La Época” y en “4o Poder”, en sus notas y comentarios siempre fue Carlos Herrera porque decía mi director el “don” se usaba para fallecidos o ancianos que ya no pudieran cometer errores y entonces don Carlos apenas llegaba a la mediana edad.
     Era rápido en sus decisiones, enemigo de excusas... recuerdo lo que me contó un amigo que para él trabajó: lo mandó llamar a las oficinas que tenía en la colonia Revolución y le dijo “véngase inmediatamente” al funcionario que estaba en las oficinas promocionales del Parque Industrial            Lagunero que, por cierto, hoy lleva su nombre. Lo oyó y acudió pero con retraso.
Pues bien, mi amigo llegó con más de media hora tarde al llamado y al preguntarle el señor Herrera el motivo le contestó: “es que, don Carlos, se me atravesó el tren, allí en el bulevar...” y, como muchos recordarán, entonces no había otro camino para brincar el enorme obstáculo.
      Creyéndose salvado el subalterno recibió una reprimenda “porque si el tren estaba detenido (como era) el funcionario debía brincarlo y buscar otro medio para llegar a tiempo y no ponerse a descansar tras el volante.

     Pocas veces lo hizo pero me gustaba lo que por diversas circunstancias escribía públicamente: directo, bien redactado, con elegancia y sin tapujos.
    En alguna ocasión le pregunté a un abogado cercano a él que ¿quién le hacía los comunicados públicos? y me contestó que nadie, que era el propio don Carlos quien los escribía.
      Ahora ya no está más, muchos lo recordamos, unos por unas cosas otros por otras.
     Su familia con el amor que se tiene para un esposo y padre dedicado y proveedor, ejemplo a seguir; sus amigos con nostalgia y reconocimiento y el que esto escribe, también con reconocimiento y simpatía.
    Don Carlos fue de los hombres que dejan huella.
Sin Bozal

.-INFORMACION PERIODISTICA LA PALABRA; es la mayor virtud y riqueza de un hombre, el que no la tienen ni cumple, esta hueco

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