Siempre y en todas las culturas hombres y mujeres
han tratado de cubrirse la cabeza.
Si en tiempos de paz, para protegerse del frío o el fuerte sol; si en guerra, cascos para atenuar la velocidad de los disparos enemigos.
Si en tiempos de paz, para protegerse del frío o el fuerte sol; si en guerra, cascos para atenuar la velocidad de los disparos enemigos.
En la antigüedad los vikingos, persas macedonios,
griegos, egipcios y de todas las civilizaciones usaban diferentes adminículos
para cubrirse y protegerse.
En nuestro México fueron significativos los enormes
sombreros del centro del país, sobre todo en Zacatecas, Aguascalientes y
Jalisco, prueba de ello son los sombreros de charro. En el sur, sombreros
chicos por el calor húmedo y el viento.
La modernidad y el automóvil poco a poco fueron
haciéndolos innecesarios; los viajes cortos o largos, ahora se hacen en cómodos
vehículos, con calefacción o aire acondicionado y fresco y las travesías de
antaño, cansadas y riesgosas requerían del sombrero si se iba a caballo o en
carruajes “de aquellos” que eran lentos e incómodos.
El sombrero se quita en señal de respeto; todavía
en los ranchos los hombres se descubren la cabeza ante el paso de algún
difunto; aquí en las ciudades también podemos ver que muchos, al pasar por la
iglesia, se retiran, aunque sea en fracciones de segundo la cachucha, el gorro
o el sombrero.
Armando Guadiana Tijerina, coahuilense, rico,
empresario ligado al carbón y senador de la república, además de descomunal
bigote, usa sombrero.
Y no se lo quita para nada; quizás esconde la
pelona, quizás le apene la calvicie pero no se quita el sombrero que se adivina
sucio y sudado ni cuando está en la -como antes se decía- tribuna más alta del
país.
Ello, para mí, es una falta de respeto, de respeto
para sus supuestos representados, para el Congreso todo y para la nación.
Ahora, abanderado por Morena, pretende ser alcalde
de Saltillo y casi seguro logrará sus anhelos poniéndose al frente de una
sociedad en donde hay mucha gente responsable, consciente, de cultura pero que
fue indolente (junto a los demás coahuilenses) para evitar el robo de la voraz
clase gobernante que sigue produciendo multimillonarios a costa de la pobreza
del pueblo.
Armando Guadiana será otro lastre para los saltillenses.

