
Los dos caminos
Marcelo Torres Cofiño
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a economía mexicana necesita crecer y hacerlo a un ritmo
sensiblemente más acelerado que el sostenido en la actualidad. Sin crecimiento
no hay empleos suficientes ni se generan las condiciones de prosperidad que demanda
el país. En esto parece que tenemos un consenso amplio. Para que haya
posibilidad de distribuir mejor la riqueza es necesario tener dinero para
repartir. Sin crecimiento, todo lo demás se vuelve cuesta arriba.
En el contexto de la discusión política hay en la actualidad
por lo menos dos caminos claramente distinguibles entre sí: uno que busca
fortalecer el estado de derecho y el orden institucional para crear un clima de
mayor confianza entre quienes realizan inversiones productivas, esas que sí
generan empleos; y otro, el que se está aplicando, consistente en fortalecer la
imagen del Presidente bajo el supuesto de que su simple figura redentora y
salvadora transformará la nación.
De acuerdo con los que defienden ese segundo camino, la
imagen pulcra y el historial impoluto del Mandatario es un ejemplo tan poderoso
que, aunque de manera lenta -cada vez, supongo, caen en cuenta de que es más y
más lenta-, eliminará todos los obstáculos que han impedido que México
despliegue su potencial.
Entiendo, por supuesto, que no es solo el ejemplo: están
también todas las medidas de eso que llaman “austeridad” y todas esas
trivialidades, como la del avión presidencial, que buscan revestir al
Mandatario de santidad, haciéndolo susceptible al culto de su pueblo amado y necesariamente
bueno.
El otro camino, y esto debe quedar bien claro, también parte
de una crítica dura hacia el pasado, porque se toleraron excesos y latrocinios
que debieron ser frenados y castigados.
Sin embargo, dicha crítica conduce a una dirección diferente:
sin importar la imagen de quienes ocupen los cargos públicos, las instituciones
necesitan recuperar su credibilidad y su capacidad para resolver los problemas
de la gente, por una sola razón: un individuo jamás será suficiente, incluso si
es un hombre santo y beato, al que hay que elevar a los altares de la
historia.
Hay evidencias totalmente claras de que el camino del
presidencialismo impoluto no es posible. Un ejemplo. La investigación hecha por
Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad sobre el programa Jóvenes
Construyendo el Futuro, que es bandera del actual Gobierno, demuestra que
únicamente 7.6% de los centros laborales que están registrados en el padrón y
reciben becarios son reales.
En otras palabras, 92% de las empresas o personas físicas con
actividad empresarial que supuestamente tienen a aprendices, no existen, son
fantasmas, tanto como la honestidad del Presidente.
Se trata de solo una muestra de que el poderosísimo ejemplo
del Presidente impoluto, santo y puro no sirve y no existe. Porque se están
robando la mayor parte de los 100 mil millones de pesos que se están destinando
para ese programa insigne, que además dicen genera empleos y mejora la
economía, vaya, hasta han hecho berrinche porque el IMSS no contabiliza a los
becarios como empleados.
Demos entonces la oportunidad al otro camino. Trabajemos en
fortalecer las instituciones independientemente del individuo que las ocupe.
